Pintar, una necesidad telúrica

Pintar, una necesidad elemental y telúrica


Tenía 14 años y estaba en una tienda de revistas, cuando unos libros pequeños y coloridos me llamaron la atención. Me acerqué y vi que eran parte de una colección llamada algo así como Genios de la Pintura. Quedé fascinado con el contenido de la obra y sentí como un calor intenso en el cuerpo. Me gasté todos mis ahorros en comprar semana tras semana los 25 0 30 libros, cada uno de los cuales traía la vida y la obra de personajes tan interesantes y locos como Van Gogh o Gauguin, o tan vivos como Tolouse Lautrec o Picasso. Y me pasaba horas y horas leyendo, admirando las obras, comparando estilos, escuelas y sintiendo esa necesidad de inventar formas y colores. Sin embargo, me decía: “¿cómo vas a crear cosas tan sublimes con esas torpes manos tuyas que a duras penas logran escribir? ………y en ese swin pasaron cerca de tres años.

Mas, la pasión seguía ahí, como un dolor .

Y sucedió que mi torpeza hizo el milagro. Regué un frasco de tinta china (por suerte estaba solo) y en vez de recoger el negro líquido, tome una caja de cinta de máquina de escribir de mi hermana, la empapé y empecé a estamparla en una cartulina. Me gustó tanto que comencé a tomar otros objetos para estamparlos: tapas, tarros, hojas secas, etc. De pronto, me llamó la atención un viejo pincel y también fue objeto de mis experimentos. De aquí al color fue solo un paso. Un paso que no fue del agrado en mi casa, pues ya no hubo trapo que no estuviera manchado

de pintura y el olor a aguaras y esmalte inundaban la terraza y ya ni siquiera mi fiel perro se acercaba .

Pero fue un paso que rompió diques, porque pintar es para mi como una necesidad biológica, volcánica y telúrica al mismo tiempo. Es también uno de mis mas orates escapes hacia mundos increíbles, mundos que solo yo conozco y que solo yo exploro y que únicamente yo puedo expresar porque exclusivamente yo puedo mover mis manos como las muevo.

Es por eso que no copio estilos ni sigo ninguna escuela. Y no es falta de modestia. Es simplemente que no podría. Así de fácil.

Tampoco tengo una temática definida, porqué no siento necesidad de hacerlo. La fuerza de mi expresión pictórica está en lo que llamó mi “caos creativo” que irrumpe de pronto y va generando cosas como si las rompiera en pedazos.

No tengo la paciencia para el detalle ni para “trabajar” un cuadro, solo dejo fluir mi energía vital como tormenta de lava hirviente.

Pero lo que importa es que puedo pintar! Y, lo hago!

Carlos Vázquez Moreno

 

Quito                        Septiembre   2002

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