El hombre que hizo hablar a las palabras más allá de la muerte

Excelente artículo sobre el poeta Juan Gelman, su vida y su obra
 
Fallece Juan Gelman a los 83 años

El hombre que hizo hablar a las palabras más allá de la muerte

 

Página 12

 

Ni el recuento de los merecidos premios literarios ni el repaso de su imponente obra, ni el recuerdo de sus luchas y sus pérdidas alcanzan para darle dimensión a lo ocurrido: con Gelman se van el poeta, el periodista y el militante que cruzó las imposibilidades del lenguaje para crear nueva vida.

 

“Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas,/ querido juan, has muerto finalmente./De nada te valieron tus pedazos/mojados en ternura./ Cómo ha sido posible/que te fueras por un agujerito/ y nadie haya ponido el dedo/ para que te quedaras.” La tristeza es enorme, infinita, insoportable. La lengua castellana está de riguroso luto. Ha muerto Juan Gelman, ayer, a los 83 años, en la ciudad de México, donde residía desde hace más de veinticinco años. Ha muerto el poeta que llevaba la poesía tatuada en los huesos. Ha muerto el más grande de los poetas argentinos, nuestro Premio Cervantes, el hombre que extremó el elástico del lenguaje y sus imposibilidades convirtiendo verbos en sustantivos y sustantivos en verbos para arañar la realidad que se escurre entre las manos. El poeta que mutaba para permanecer, refractario a las normas, al piloto automático o al funcionamiento aluvional de “la maquinita” expresiva, como prefería llamarla. Ha muerto el hombre que transformó las heridas en versos memorables –”la memoria es una cajita que revuelvo sin solución” o “el frío tiembla en puertas del pasado que vuelven a golpear”–; una voz indomable, tan cercana y querida, en la cornisa del susurro, con esa cadencia grave y profunda por donde flameaban siempre las chispas de una ironía elegante y juguetona.

 

Tercer hijo de una familia de inmigrantes ucranianos, Gelman nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930. No sobraba dinero en esa familia, pero se ahorraba de a centavitos para ir al Colón una vez al año. Su hermano mayor, Boris, le recitaba versos de Pushkin en ruso. Lo llevaba a un rincón apartado y Gelman, a sus siete años, caía rendido por el ritmo y la musiquita de aquellas palabras que no entendía en absoluto. A los nueve años decidió escribir poemas a una vecina dos años mayor. Al principio le mandaba versos de Almafuerte, como si fueran propios, pero la indiferencia de la nena lo obligó a dar un paso más. La batalla no sería sencilla. Entonces probó escribir él mismo; tampoco obtuvo respuesta. Ella siguió por su camino; él se quedó con la poesía. Y sus lectores del mundo, claro, agradecidos de la reticencia de la vecinita. Todavía no había pegado el estirón cuando “el pibe taquito”, como era conocido en los potreros de Villa Crespo por el modo de empujar la pelota, publicó su primer poema en la revista Rojo y Negro. Tenía once años. Juan, niño precoz que aprendió a leer a los tres años, cursó la secundaria en el Nacional de Buenos Aires. Empezó a estudiar la carrera de Química, pero, como contó más de una vez, le interesaba “mucho más la poesía que la descomposición del átomo, los protones y los neutrones”. Probó varios trabajos, pero eligió el oficio de periodista para ganarse la vida. Lejos de despreciar la faena periodística, Gelman lo entendía como un género literario “que se escribe bien o se escribe mal”.

Su itinerario periodístico arrancó en Orientación, semanario del Partido Comunista Argentina (PCA), continuó en el diario La Hora hasta que en 1962 entró en Xinhua, la agencia china de noticias. En la revista Confirmado, a la que ingresó en 1966, se encargaba de la sección de libros. Después seguirían la sección internacional de Panorama y La Opinión (1971-1973), la revista Crisis (1973-1974) y la jefatura de redacción del diario Noticias (1974). Con el regreso de la democracia se sumó a Página/12, donde escribió desde su primer número (cubriendo el histórico juicio del criminal de guerra nazi Klaus Barbie) hasta la contratapa del último domingo.

Del ambiente de la militancia en el PC, surgió el grupo El pan duro, integrado por Gelman, José Luis Mangieri, Héctor Negro y Juana Bignozzi, todos muy jóvenes y por entonces poetas desconocidos. Eran tiempos difíciles para publicar y peor aún cuando se trata de poesía, “esa Cenicienta de la literatura que apenas ocupa rinconcitos en los catálogos de las grandes editoriales”. Los miembros del grupo decidieron autofinanciar sus propias ediciones a través de un método: venían bonos de diez pesos, que era lo que podía costar un ejemplar. Hacían recitales, fiestas populares en clubes como Vélez Sarsfield y a medida que reunían el dinero elegían por votación el orden de los libros a publicar. Así apareció Violín y otras cuestiones, su primer libro de poesía, publicado en 1956, prologado por Raúl González Tuñón, quien destacó que en ese poemario “palpita un lirismo rico y vivaz y un contenido social, pero social bien entendido, que no elude el lujo de la fantasía”. Entre otras virtudes, Tuñón ponderaba “la forma ágil, fresca, variada en tonos y matices”, de un poeta “nacional, porteño, muy nuestro”, que “recién comienza y ya está maduro”. Esa sorprendente madurez se expandió en Gotán (1962), que significa tango al revés; en Cólera Buey (1965) y en Los poemas de Sydney West (1969) con formas y ritmos que pescaban al vuelo las inflexiones del habla porteña, además de traducciones simuladas de poemas. Entonces ya se vislumbraba lo que pronto sería una certeza: que ninguno de los libros de Gelman se parecen entre sí. Que cada libro nuevo postulaba una ruptura radical con el anterior. Como si fuera y no fuera a la vez el mismo poeta.

En la década del ‘60 sus ideas se radicalizarían más a la izquierda y se alejaría del PC, partido que luego lo expulsó de sus filas. “Fue el momento de la Revolución cubana y un grupo de nosotros sostenía que ese hecho era una línea divisoria”, explicó. “Se hablaba de llegar al socialismo por la vía pacífica; nosotros vimos en Cuba otro tipo de posibilidades.” En 1967 se incorporó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y cuando FAR y Montoneros se fusionaron en una única organización, en 1975, Juan fue enviado al extranjero para denunciar públicamente la represión y la violación de la Triple A. Hay golpes en la vida, tan fuertes… se podría parafrasear a César Vallejo, uno de sus poetas preferidos. En 1976 secuestraron a sus hijos Nora Eva y Marcelo Ariel, junto a su nuera María Claudia Iruretagoyena, quien se encontraba embarazada de siete meses. Su hijo y su nuera desaparecieron, junto a su nieta nacida en cautiverio. La ruptura con Montoneros llegó cuando la conducción planteó “esa locura que la contraofensiva militar, que condujo a la muerte a las mayoría de la gente que participó en ella”. El poeta, por entonces ya exiliado, volvió clandestinamente al país en 1978, con el objetivo de que un puñado de periodistas pudiera ver lo que estaba pasando en Argentina, el terror de la dictadura cívico-militar. Durante siete años no escribió ni publicó. Regresaría al ruedo con Hechos y relaciones, texto en donde emerge el dolor en carne viva del exilio y las muertes. En 1989 el presidente Carlos Menem firmó el indulto. Juan objetó la medida a través de una nota publicada en este diario: “Me están canjeando por los secuestradores de mis hijos y de otros miles de muchachos que ahora son mis hijos”, se quejó.

“Me cavo para no encubrirte más con visiones de tu abrigo largo. Un parpadeo dura mucho cuando se aparta el ser de sí en vuelos sin rumor. Libre aún entre muros de cemento y cal viva/arrojado a que nunca fueras certidumbre”, se lee en uno de los poemas recientes que le dedicó a su hijo. El 7 de enero de 1990, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Marcelo, encontrados en un río de San Fernando dentro de un tambor de grasa lleno de cemento. Lo habían matado de un tiro en la nuca. En 1998 descubrió que su nuera había sido trasladada a Uruguay y que había sido mantenida con vida al menos hasta dar a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo. A partir de ese momento lanzó una búsqueda incansable para hallar a su nieta, apoyado por escritores, artistas e intelectuales. En 2000 finalmente se reunió con su nieta María Macarena Gelman García. “¡Marcelo Gelman! ¡Presente!” El hijo del poeta, entre otras víctimas de la dictadura militar, sonó más vivo que nunca ese jueves 31 de marzo de 2011, cuando el Tribunal Oral Federal 1 juzgó a los represores del centro clandestino Automotores Orletti. Eduardo Cabanillas, el asesino de Marcelo, fue condenado a prisión perpetua. Juan decía que no sintió nada. Ni alegría, ni odio. Nada. Y se preguntó por qué. La respuesta está encadenada en los textos que integran Hoy, el último libro que publicó el año pasado. El poema “VIII” es el primero dedicado a su hijo: “¿Cuánta sangre cuesta/ ir de saber a contramano/ del olvido al horror/ de la injusticia a la justicia? ¿Hay que tocar los altares ardientes/ evitar la vergüenza/ la falta que preocupaba a Teognis/ interrupción del día? El beso del lazo se convierte en el lazo que el asesino ajusta. Desvío sin límite ni fondo ni virtud. La mismidad es un espejo roto en tercera persona y oigo tu mano dibujando un pájaro azul”.

Definir su poesía como política –un malentendido generalizado– es reducir y etiquetar la obra de un poeta que ha demostrado, libro tras libro, la insensatez de enjaularlo cuando él se ha dedicado, con una obstinación pocas veces vista, a deshacer y rehacer los modos de poner en juego la lengua. “Cuando se habla de mi poesía como política pienso que el error está en pensar que vivo conectado a la realidad las 24 horas del día. No todo lo que sucede en el mundo me despierta la necesidad de escribir un poema. Como ciudadano, tengo compromisos y responsabilidades que no tienen que estar necesariamente en la poesía. La ideología de alguien forma parte de su subjetividad, pero no es toda su subjetividad –decía el poeta en una entrevista de Página/12–. No me afecta ni en un sentido ni en otro que digan que mi poesía es política. Lo que me importa es mi trabajo como poeta, no me preocupa lo que digan los demás, tienen todo el derecho a opinar. Pero francamente lo único que influye es la lectura de la poesía, y el trabajo de escribirla.” Todo lo que se escribe, advertía Juan, es un largo fracaso en el intento de conseguir atrapar a la poesía. “Si uno insiste en este oficio ardiente que es la poesía es porque espera la aparición del milagro, pero como decía Dylan Thomas lo milagroso de los milagros es que a veces se producen.”

Juan agradecía los premios que fue recibiendo en los últimos años: el Premio Nacional de Poesía en Argentina (1997), el Premio Cervantes en 2007; los premios iberoamericanos de poesía Ramón López Velarde (2003), Pablo Neruda (2005) y el Reina Sofía (2005); y el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2000), entre otros. Sin dudas eran un estímulo y reconocimiento. “La poesía habla al ser humano no como ser hecho, sino por hacer, le descubre espacios interiores que ignoraba tener y que por eso no tenía –planteó en el discurso de aceptación del Reina Sofía–. Va a la realidad y la devuelve otra. Espera el milagro, pero sobre todo busca la materia que lo hace. Nombra lo que la esperaba oculto en el fondo de los tiempos y es memoria de lo no sucedido todavía. Sólo en lo desconocido canta la poesía. Ella acepta el espesor de la tragedia humana, pero no obedece al principio de realidad sino al orden del deseo. Choca contra los límites de la lengua y va más allá en el intento de responder al llamado de un amor que no cesa. Es un movimiento hacia el Otro, pasa de su misterio al misterio de todos y les ofrece rostros que duran la eternidad de un resplandor. Corrige la fealdad, es ajena al cálculo y da cobijo en sus tiendas de fuego. Se instala en la lengua como cuerpo y no la deja dormir.”

Cómo no evocar las palabras que pronunció cuando recibió el Cervantes, frente a los Reyes de España. “Es algo verdaderamente admirable, en estos tiempos mezquinos, tiempos de penuria, como los calificaba Holderlin, preguntándose: ¿para qué poetas? ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte”. El poeta repasó el significado que tuvo leer a Santa Teresa y San Juan de la Cruz durante el exilio al que lo condenó la dictadura. “Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino ‘que no es sino morir muchas veces’, comprobaba Teresa de Avila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado”, confesó el autor de una obra descomunal compuesta por más de treinta títulos en la que cabe destacar Citas y comentarios (1982), Interrupciones II (1986), Carta a mi madre (1989), Salarios del impío (1993), Dibaxu (1994), Incompletamente (1997), Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos, junto a su esposa Mara La Madrid (1997), Valer la pena (2001), País que fue será (2004) y Mundar (2007), entre otros.

La lengua de Juan fue la llama que encendió la temperatura la noche del lunes 26 de agosto pasado, en la Biblioteca Nacional, cuando el poeta presentó Hoy, 288 poemas en prosa que transitan el camino del duelo por la desaparición y asesinato de su hijo Marcelo, pero también dan cuenta del abismo insondable del mal en el mundo. El poeta leyó durante más de media hora. No volaba una mosca en la sala. Todos mudos ante versos que se pegan en los labios de la memoria: “La tierra pule huesos que el tiempo roba sin retorno”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-237776-2014-01-15.html

Recuerdos de la Caminata de la Valentia

EL VALOR SALE DE CAMINATA

 

 Publicado el 28/Septiembre/1998 | 00:00

 

Quito. 28 sep 98. El ecuatoriano Carlos Vásquez, que nació con parálisis cerebral, que venció todos los obstáculos hasta conseguir un máster en Economía y dominar cinco idiomas, encabeza una marcha de 427 kilómetros con el fin de concientizar sobre las habilidades de los discapacitados.

 

Con mirada alegre, gran sonrisa y loables esfuerzos por comunicarse, Carlos relató su vida cargada de experiencias, emociones y frustraciones.

 

Dicen que los ojos son el espejo del alma y Carlos lo comprobó. Durante su primer año de vida, los padres ignoraron su problema debido a que en sus ojos nada hacía pensar en dificultades de salud, según relata.

 

Al detectar la parálisis cerebral, la familia dejó su natal Cuenca -al sur del país- para trasladarse hasta la ciudad de Esmeraldas, donde el clima favorecía los tratamientos de Carlos, el primero de cuatro hermanos.

 

Su madre, muy estricta y quien no se permitía diferencia alguna en el trato hacia sus hijos, y su padre, quien sí lo prefería, son los pilares en los que Carlos edificó su vida, y por ello hasta hoy, la familia, incluyendo la que formó recientemente, es para él lo más importante del mundo.

 

La muerte de su profesora de primer grado fue para Carlos, además de un gran dolor, el cierre de las puertas de la escuela, lo que obligó a su padre, quien le enseñó a leer, a contratar profesores particulares para continuar con el proceso de educación.

 

Ya en la pubertad, el rechazo de las personas y los cambios en su vida provocaron lo que Carlos llama un “trauma sicológico” que lo llevó a recluirse en su casa.

 

Su padre lo envió, entonces, a Italia, a una escuela especial, donde sufrió un proceso de retroceso debido a que lo ubicaron en un grado de educación básica, pese a que en el Ecuador cursaba la secundaria.

 

Pocos días fueron necesarios para que lo reubicaran en el nivel educativo correcto. Carlos dedicó sus horas a la autoinstrucción y leyó cuanto libro encontró en la biblioteca, sin que los diferentes idiomas impidieran su entendimiento.

 

De vuelta a casa, un año después, reasumió su encierro, del que salió sólo cuando su padre le obligó a concluir el bachillerato en una escuela nocturna, su mejor experiencia, dicho sea de paso, pues consiguió amigos verdaderos, comprensivos, se volvió bohemio e incrementó sus habilidades poéticas y políticas.

 

En la Universidad de Cuenca se graduó como economista y poco después logró con las mejores calificaciones una maestría en la Facultad Latinoamericana de Estudios Sociales (FLACSO). Su actividad laboral comenzó en áreas de investigación que lo llevaron hasta el Banco del Estado, donde ahora trabaja.

 

Su cargo de especialista en presupuesto lo suspenderá durante un mes para protagonizar la caminata con la que se pretende demostrar que, pese a ser discapacitado, tiene las mismas, o aún más, capacidades que los llamados “normales” para desempeñar cualquier tipo de actividad. (EFE)

 

DESPIERTA LA SOLIDARIDAD

 

– La marcha, en la que lo acompañan su esposa y los dos hijos de ésta, Daniel y Fidel, a los que Carlos quiere como propios, se denomina “Caminata por la valentía” y busca sensibilizar a las personas sobre los procesos de vida de los discapacitados.

 

– Con la caminata (de 32 días) se aspira, además, a despertar la solidaridad para que se reconozcan los derechos de estas personas y colaboren económicamente con la creación de la “Fundación Valentía” para cuyo inicio se requieren 50 mil dólares.

 

– Carlos, que camina con impedimento y quiere demostrar que es una persona “normal”, asegura que le gustan los colores fuertes porque fuerte es él, aunque confiesa que su debilidad son las mujeres, musas de  varias de sus poesías.

 

–          Y así, tras un largo diálogo entre sonrisas y recuerdos, y después del recorrido por una vida digna de todo crédito y respeto, el concepto de “normalidad” queda en entredicho, como también la actitud de los “normales” ante lo que les es simplemente diferente. (EFE) (DIARIO HOY) (P. 8-A)

 

 

Un viejo titular de prensa

PERSONAS CON DISCAPACIDAD CELEBRAN FIESTA EL JUEVES

 

Publicado el 01/Diciembre/1998 | 00:00

 

  Quito. 1 dic 98. (Editorial) Helen Keller y Franklin D. Roosevelt  están entre las personas con discapacidad más famosas en el mundo  del siglo veinte. Y en el Ecuador de los mil novecientos está  Carlos Vázquez. “Tuve la gozosa certeza de que la sordera y la  ceguera no son parte esencial de mi existencia, puesto que de  ningún modo eran parte de mi mente inmortal”, escribió Helen Keller  luego de graduarse en Radcliffe College en 1904. Con sus escritos  en pro del sufragio femenino, del socialismo y de los derechos de  las personas con discapacidad se convirtió en el símbolo  internacional de lo que la anarquista Emma Goldman llamó con  entusiasmo “el poder casi ilimitado de la voluntad humana”, según  cuenta Our Times, la historia ilustrada del siglo veinte. El  presidente FDR sirvió a su país más tiempo que cualquier otro  presidente de los Estados Unidos y le sirvió en la historia de la  más profunda depresión y de la guerra más feroz. Estas dos grandes  hazañas fueron ganadas desde la silla de ruedas del afectado por la  parálisis infantil. Carlos Vázquez, economista cuencano con varios  títulos de educación superior, aquejado de parálisis cerebral  trabaja en el Banco del Estado; el 26 de septiembre, este  funcionario ejemplar emprendió la caminata “Valentía”, a pie, de  Quito a Cuenca, con el fin de “dar un mensaje de lucha en seguir  adelante pese a las dificultades, pues los parapléjicos no son  seres sin capacidad sino personas con gran espíritu de trabajo que  no requieren de paternalismo alguno”.

 

De cada 100 ecuatorianos, 13 son personas con alguna incapacidad,  y 48 presentan algún trastorno o alteración orgánica o funcional  que puede producir discapacidad. En los ecuatorianos mayores de  cinco años, las discapacidades más frecuentes son las de locomoción  (27 por ciento) y comunicación (26,4 por ciento). Solo 18 de cada  cien personas con discapacidad trabajan con remuneración, y 29 con  discapacidad de cada 100 ecuatorianos asisten a instituciones  educativas públicas y privadas. Estos datos oficiales indican el  alto número de ecuatorianos afectados y el desamparo laboral de la  gran mayoría de ellos. La Constitución actual contiene inteligentes  disposiciones sobre esta materia… Pero falta el dinero. Y pensar,  como dijo un político en una reunión de ex superintendentes de  Bancos, que en septiembre el Gobierno prestó 150 millones de  dólares a Filanbanco: ¡todo el presupuesto del área de la salud!

 

Hace un lustro, el Congreso Nacional promulgó la Ley sobre  Discapacidades para mejorar la calidad de vida de las personas con  discapacidad intelectual, autismo, parálisis cerebral, síndrome de  Down, y de sus familias. Gracias a esta ley, el Consejo Nacional de  Discapacidades (Conadis) “es ahora un organismo estructurado con  objetivos y metas claras, trabajando en emisión de políticas,  coordinación de acciones e impulso de investigaciones en el campo  de la prevención de discapacidades y de la atención e integración  de las personas con discapacidad”, dice el fundador de la obra,  doctor Rodrigo Crespo Toral, quien, luego de ser partido por el  rayo de la muerte de su magnífico hijo en el accidente de Cubana de  Aviación, se dedica con más fuerza a esta noble causa. En sus manos  y en las del director ejecutivo doctor Ramiro Cazar Flores, el  Consejo se ha convertido en una institución que combina -también en  sus empleados y funcionarios- el fervor del carisma de la  solidaridad con la eficiencia de la organización. Feliz cumpleaños.   (DIARIO HOY) (P. 4-A)  

Discurso en los 80 años de una vida increíble.

Discurso en los 80 años de una vida increíble.

 

Amado Padre

Amada Madre

Querida Familia

Estimados Amigos y Amigas.

 

Soy un hombre de muy pocas ceremonias, es mas, muchos de ustedes me conocen como irreverente, pero mis hermanos y cuñados me han encargado la terrible tarea de hacer este discurso en este homenaje que brindamos a mi amadísimo padre, Doctor Enrique Efraín Vázquez Jara  en el octogésimo aniversario de su natalicio.

 

Digo, terrible tarea porque no hay nada mas difícil que demostrar lo obvio, lo tangible. Y sin embargo, hermosa tarea, porque nadie puede negar que mi padre ha hecho de su vida, un fabuloso y fructífero jardín de ternura, comprensión y amor para todos nosotros.

 

Se que hablo con el corazón a flor de piel, pero, ¿de qué otra manera puede hablar este hijo al que su padre ha dado más allá de lo posible?

 

Disculpen queridos hermanos por hablar en singular, pero considero que estos sentimientos son también los vuestros y no se preocupen, que luego les incluiré en este breve decurrir por los tortuosos senderos de mi memoria.

 

Nací con Parálisis Cerebral Infantil. Este hecho cambió la ruta de la vida de mi padre y mi familia. Sacrificando toda comodidad y posición social, mi padre sale de su natal Cuenca y recala en la cálida y acogedora Esmeraldas. Un médico le había dicho que el clima tropical  y la playa le sentarían bien a la salud de su hijo. Y vaya que obraron maravillas!!

 

Mi mas antiguo recuerdo de mi padre se remonta a las calurosas noches esmeraldeñas donde un niño de tres años, todavía sin poder caminar pero bastante activo ( malcriado?) se despierta a las cuatro de la mañana, con todas las ganas de jugar y el padre, en vez de censurarle o darle una nalgada, se pone a jugar a las canicas con él, pese a haber trabajado hasta tarde y tener que levantarse temprano a dar clases.

 

Y le veo clarito, como si fuera ayer, jovencito, acostado en el piso, intentando contentar al tiranuelo….  Esta sola imagen, vale, para mi, más que cualquier homenaje que la vida pudiese brindarme jamás.

 

El personaje ejemplar que tengo a mi lado, el abogado más honesto, el trabajador incansable, el juez ilustre, posee demasiadas virtudes como para enumerarlas, pero creo que es su altruismo, aquella que contiene a todas. Quisiera ahora recordar, a través del fragmento de uno de mis cuentos como sintió mi padre cada uno de mis pequeños logros:

 

Y él era apenas una manchita solar sobre el verde espejo que reflejaba el corazón de su padre que estaba a su lado, volando pensamientos tristes y esperanzas de oropel, como otros padres vuelan cometas.

 

De pronto, furtivamente, como shaolin en papel de arroz, una inmediata, terrible idea arribó, desde no sé que teorema infinitesimal, a su incipiente cerebelo.

 

Antes, lo había hecho, pero no eran sus fuerzas, no era mágico, existía un apoyo: la pared, una  mesa, una cama, dos manos,… en fin.

 

Esta vez, la idea se le atornilló en la mente y se fue haciendo carne en los cabellos de ángel que tenía por piernas. Y fue elevándose poco a poco, como espiga en cemento,………como en un milenio.

 

                      Se paró!

 

 

                 Estaba de pie !

 

 

    Su padre se envolvió en la bandera enorme de la alegría

 

La tierra atrajo su pequeño, frágil cuerpo hacia su seno. Pero sus centrífugas piernas querían como volar. Se alzó y cayó dos o tres veces, antes que los brazos de su padre lo izaran hasta el escándalo de tornasoles  ensortijado en la moribunda tarde.

 

Ahí aprendió a volar………………..”

 

Sí, dirán que siempre he sido su preferido. Puede ser. Pero esto nunca significó que dejara, ni por un instante, de preocuparse y velar por mi madre y mis hermanos .

 

Le vi muchas veces derramar lágrimas pidiendo a su dios por mi “sanación”; pero nunca se dejó vencer por la adversidad de tener un hijo con discapacidad..Es mas, en una época  que no existía ninguna ayuda gubernamental, ni asociaciones de padres,  ni tan siquiera médicos con conocimientos de lo que era la Parálisis Cerebral Infantil para guiarlos, mi madre y él, hicieron el milagro de la inclusión que recién hoy se está intentando con niños con discapacidad .

Rompiendo atávicos prejuicios sociales, mi padre nos llevaba a los cuatro hermanos, que no éramos precisamente unos angelitos, a todos los espectáculos públicos que había en la ciudad de Esmeraldas. Y me emociona tanto, rememorar a  caballo del tiempo y el espacio, los inolvidables momentos que pasamos junto a mi padre en el estadio, en el cine, en el coliseo o en la playa.

 

Y te acuerdas, padre, cuando nos cayó esa lluvia de piedras en el coliseo porque perdió el campeonato nacional la selección femenina de básquet de Esmeraldas y tu pusiste tu cuerpo como escudo para los cuatro diabillos asustados.

 

Cada triunfo de sus hijos eran sus triunfos. No hubo alegría de cada uno de nosotros que no compartiera. Las primeras presentaciones artísticas de Elena y Giovanni; los logros académicos de María Augusta y Elena; los goles, aros y demás hazañas deportivas de Giovanni; mis primeras letras chuecas y hasta la fiesta que significó para nosotros la presencia de “Oso” nuestro querido perrito pequinés.

 

Con el valiosísimo concurso de mi madre, verdadero ejemplo de sacrificio y trabajo, nuestro amado padre, fue, a través de su ejemplo y sabiduría, moldeando nuestro carácter, infundiéndonos valores como la justicia, la honestidad y la tenacidad,  pero también  inculcándonos sentimientos de solidaridad,  altruismo y tolerancia.

 

Mi padre, abogado respetado y estimado en Esmeraldas, fue el compañero de juegos de sus cuatro hijos: en la playa, donde jugábamos fútbol, chapoteábamos en las olas o simplemente hacíamos castillos de arena; en las colinas aledañas, donde según nosotros, practicábamos montañismo o en la casa. Mas, la vida pasó y mis hermanos fueron creciendo y fueron teniendo sus amigos y amigas en sus colegios y naturalmente, fueron  deslindándose de los juegos familiares.  Mi padre siguió siendo mi principal compañero de juegos por mucho tiempo más. 

 

Mi padre hizo de su dedicación a mi, su motivo de vida y vio, como en un d’jabú, la luz de la inteligencia en mis ojos, y así como mi madre se entregó por entero a mi rehabilitación física y a formar un carácter fuerte para enfrentar a la vida;  a él, no le doblegaron los estúpidos diagnósticos médicos y al ver que me divertía muy poco y además me hacía daño con los juegos físicos optó por traer revistas de cómics (Batman, Superman, Tarzán, etc.), además de los consabidos cuentos infantiles para leérmelas. Creo que fui memorizando ciertas palabras y asociándolas con los dibujos, a la vez que preguntando el significado de las palabras desconocidas.  Así aprendí a leer antes de garrapatear las letras.

 

Luego, como no querían recibirme en ninguna escuelas, bajo una serie de argumentos, mi padre contrató a un profesor particular para que me de clases, después, logró que se hicieran válidos estos estudios, por medio de un examen anual frente a un funcionario de la Dirección de Educación.  Así recibí toda la educación primaria

 

Me continuó alentando y apoyando contra viento y marea, incluso contra mi mismo, en el colegio y la universidad. 

 

No se equivocó, estoy por obtener el más alto grado académico de mi profesión, el doctorado en Economía.

 

Pero, como ya dije, esta especial dedicación a su hijo con discapacidad, no impidió que mi padre apoyara a cada uno de sus hijos, dándoles una profesión y ayudándoles en todo momento, incluso después de casados.

 

Había vuelto a la tierra del Tomebamba, el mote, y el capulí luego de largos años de insigne y arduo trabajo en las tierras de la marimba, el encocao y el masato. Los matrimonios de mis hermanas, lo tomaron desprevenido. No obstante, como siempre, les brindó todo su apoyo material y espiritual.

 

Y vinieron la alegría de los nietos y también la tristeza. El primero, Jorge Enrique, nuestro amadísimo “Cocoquique”, que llenó nuestra vieja casa de dulzura y candor, con sus dichos y ocurrencias infantiles, partió anticipadamente.

 

Sin embargo, nuestra familia creció y he visto el gran amor y la ternura que ha prodigado, desde bebés, mi padre a cada uno de sus nietos, que ahora, ya jóvenes continúan correspondiendo a ese afecto, como cuando eran niños. Y aquí están rodeándole de amor y dulzura.  

 

Esta brevísima semblanza de la vida de mi papá no estaría completa sin unas pocas de sus ocurrencias que les relato en esta noche de júbilo y esperanzas.

 

Con mi padre, tengo anécdotas inolvidables como en Italia, cuando, en conjunto con el director de la casa curial de Roma, hicieron pedazos a los idiomas  español e italiano al chapucear cada uno el idioma del otro, mientras yo me desternillaba de la risa al ver como dos señores tan serios hablaban cada cosa y a pesar de que ninguno de los dos entendía una palabra de lo que decía el otro,  se veía que se estaban divirtiendo de lo lindo con la conversación.

 

O aquella, cuando en una cena de gala, tuvo que tragarse enteras las cebollas y lechugas, que tanto le disgustan, por ser educadito.

 

O esa vez, en un aeropuerto, cuando, despistado como es, empujó desde adentro, muy enojado, la puerta de entrada. Y salió, muy orondo, como si nada hubiese pasado.

 

Así es mi padre.

 

Tantas virtudes en un solo ser humano que podría hablar por horas y no alcanzaría el tiempo.

 

De sus errores, ni siquiera creo tener la atribución de nombrarlos, mucho menos juzgarlos.

 

Amadísimo Padre, recibe esta noche, esta pequeña muestra de cariño de tu esposa, tus hijos, nueras, yernos y nietos como un sentido homenaje en tu onomástico.

 

Y alza tu copa y brindemos para que esta vida plena e integra continué con largos años de tranquilidad y satisfacciones.    

Experiencia Personal

Para los que no me conocen, tengo Parálisis Cerebral Infantil y esta es mi historia

El Diagnóstico

 

Mi problema físico tiene que ver con una lesión causada en los centros psicomotores del cerebro,[1] durante el parto, debido a cierto grado de negligencia del médico.

Se me detectó el problema muy tempranamente debido a que durante el primer mes, no paraba de llorar día y noche. Sin embargo, los diagnósticos médicos no eran correctos y a veces eran contradictorios y aún pecaban de subjetivismo[2].  No obstante, a los diez meses, ya se me diagnosticó correctamente como un paciente con problemas de atetosis. Esto indujo al médico a recomendar que un clima caliente era mucho más beneficioso para mi desarrollo físico. Según mi opinión, no creía que podía darse en mí un desarrollo intelectual mínimo.  Esto lo pude comprobar casi 25 años después por la sorpresa que le causó saber que era universitario.  Siguiendo esta prescripción y por motivos de trabajo, mi familia se mudó a Esmeraldas.  El clima, el mar, la arena, produjeron un gran fortalecimiento de mis músculos y huesos, y los diagnósticos que no podría ni siquiera sentarme, fueron cayendo frente a la realidad.

En Guayaquil en 1963, tuve mi primer encuentro con la rehabilitación con la que realicé enormes progresos en el aspecto físico.

Según relatan mis padres, a los dos años empecé a articular ciertas frases completas en cuanto a su racionalidad aunque incompletas en cuanto a su expresión fonética.  Cerca de los cuatro años logré ponerme de pies por mi propia cuenta y comencé a caminar agarrándome de las paredes.

En cuanto a mi desarrollo intelectual, quizá por la especial dedicación de mi padre hacia mí, fue más rápido incluso que lo normal. No sé si sea creíble para la mayoría de las personas, el hecho de que aprendí a leer antes de aprender a escribir y por mi cuenta desde los cinco a seis años.  Trataré de explicar el mecanismo que a mi juicio, permitió esto.  Mi padre al ver que me divertía muy poco y además me hacía daño con los juegos físicos opto por traer revistas de cómics (Batman, Superman, Tarzán, etc.) para leérmelas. Creo que fui memorizando ciertas palabras y asociándolas con los dibujos, a la vez que preguntando el significado de las palabras desconocidas.  Probablemente fui aprendiendo la forma de las letras sin aprender a hacerlas, es decir; en su contenido abstracto.

Posteriormente ingresé en una escuela, pero lamentablemente se murió la maestra a los dos meses. Como no querían recibirme en otras escuelas, bajo una serie de argumentos, mi padre contrató a un profesor particular para que me de clases, después, logró que se hicieran válidos estos estudios, por medio de un examen anual frente a un funcionario de la Dirección de Educación.  Así recibí toda la educación primaria.

 

Adolescencia

 

Entre los once y doce años tuve una crisis en el aspecto físico que me tuvo en cama, y sin poder caminar por cerca de dos meses.  Por esto, y por consejo de un médico amigo estuve unos 8 meses en Quito en rehabilitación en el Hospital Baca Ortiz y luego en el Seguro Social.  Esto motivó un abandono parcial de los estudios, por los continuos viajes a Quito.

Fue en la etapa adolescente en donde se manifestó en toda su magnitud el problema psicológico de creerme inferior, diferente, impotente para superar el problema físico, que si bien había tenido ciertas expresiones en la infancia, éstas no se dieron en forma racional, pensada, como ocurrió en la adolescencia.

Quizá esto se deba a que la sobreprotección paterna que es explicable pero no justificable; creó en mí una cortina protectora contra un medio que puede considerarse como hostil (sea por los prejuicios sociales, por la ignorancia; etc.); sin embargo, esta capa protectora se torna insuficiente y hasta se vuelve un freno al desarrollo del individuo con problemas físicos, pues se va creando una relación de dependencia que es muy difícil y dolorosa de romper.[3]

Decía que esta protección se vuelve inoperante porque el medio entra en contacto mucho más directo con el individuo, surgen nuevas inquietudes; esta contradicción que provoca problemas en las personas, que podemos llamar entre comillas “normales”, se agudiza en los jóvenes con problemas físicos, al comprender que están viviendo una realidad diferente de la de sus hermanos (en mi caso por ejemplo), lo que les lleva a interrogarse el por qué de esta diferencia, (por qué su cuerpo funciona distinto, por qué le miran con mofa, desprecio o lástima). Esto significó que dejara de estudiar por cerca de dos años, durante los que estuve autorrecluido en mi casa, con un genio insoportable, aprovechándome en demasía de la protección de mi padre para recibir un trato especial, lleno de privilegios; lo que provocaba continuos roces con mis hermanos y aún entre mis padres.  En esta etapa, pienso que la actitud de mi familia toda, pese a los problemas que le daba, fue fundamental para superar en parte este problema psicológico, ya sea incentivándome a salir de la casa por mil formas, con su cariño, con su comprensión e incluso con sus regaños.

Italia: fe, desilusión y superación

A los quince años aprovechando su amistad con los misioneros Combonianos, mi padre, logra enviarme a Italia, al Instituto “Piccolo Rifugio”. Esto significó para mí, una esperanza, una puerta que se abría, algo dinamizador; sin embargo, lo que pensaba que era una posibilidad de curación, se convirtió en una profunda desilusión cuando constaté que el instituto no era más que un asilo para niños y jóvenes con problemas físicos y mentales, que lo único que podía brindarme en el aspecto físico era igual terapia física que la que tenía en Quito.  Por otra parte, el alejamiento de mi familia, provocó un choque emocional muy fuerte y doloroso, pero me ayudó a madurar, a romper esa dependencia y a ir creando una personalidad fuerte, tenaz.

Comprendí que si estaba allí, no podía seguir lamentándome, debía aprovechar de alguna forma esta nueva experiencia y creí que el campo más propicio era el intelectual, el cultural.

Aún en este campo se presentaron obstáculos iniciales, pues, el poco conocimiento de los europeos sobre la realidad latinoamericana, hizo que la evaluación del psicólogo del instituto sobre mi capacidad intelectual, resultara errada.  Esta evaluación estuvo basada en ciertos dibujos hechos por mi, a sugerencia del psicólogo; así cuando me señaló que dibujara una casa, la hice, pero en la ladera de una colina, cosa por demás común en el Ecuador y en Esmeraldas.  Esto motivó que se me califique con cierto retraso mental y se me ubique en un nivel de quinto grado de escuela.

Pero los profesores, captando mi verdadera capacidad intelectual, me trasladaron a primer curso y, para no alargar más, hice los tres años del ciclo diversificado en un solo año lectivo y se me designó mejor alumno de la “Scuola Media di Treviso” que contaba con más de 2.000 alumnos.  Además, mi examen de italiano, una composición en prosa, se publicó en un diario de la ciudad de Treviso.

Es absolutamente necesario que mencione que el cariño y la estimación brindada por mis compañeras, mis amigos y mis maestros en Italia hizo más fácil y fructífera mi estadía en ese país, así como me impulsó a superarme en forma continua.

 

Descubrir el amor al pueblo

 

Al regresar de Italia, sufrí una nueva depresión que, sin embargo, fue superada con la ayuda de un amigo, el cual me indujo a entrar en un colegio nocturno que él dirigía.  Cabe indicar que acudí al Colegio Nacional Nocturno “UNE”, no muy a gusto y con bastantes temores, por la sencilla razón de que con excepción de mi fugaz experiencia en mi primer grado, no había estado en un establecimiento educacional “normal”.  Pues en Italia, si bien el centro educacional del instituto Piccolo Rifugio dependía de la Scuola Media di Treviso, sus actividades se desarrollaban al interior del instituto, tan es así que solamente para los exámenes del tercer curso, asistí a dicho establecimiento.

Mi entrada al colegio UNE, se topó con ciertas trabas burocráticas por parte del Ministerio de Educación que se negó a revalidar mis estudios en Italia, por lo que tuve que volver a estudiar desde el tercer año.  Las dudas sobre mi capacidad intelectual, que volvieron a hacerse presentes incluso en mi amigo (que veía, mi entrada al colegio, más como una terapia psicológica que como una experiencia académica), fueron desapareciendo conforme me iba relacionando con mis compañeros, mis compañeras, que me dieron siempre su solidaridad, su afecto y su amistad; y con los profesores que, en los exámenes, constataban, a pesar de mi pésima letra, no estaba incapacitado en el terreno intelectual.[4]

La experiencia en el colegio UNE, fue así mismo, un primer contacto con el pueblo, con su realidad, con su miseria económica y con su gran riqueza espiritual.  Era un pueblo que desconocía y despreciaba por mi educación elitista y mi extracción de clase.  Pero este pueblo, que se expresaba en mis compañeros, fue compenetrándose en mí,  dándose a conocer en la totalidad de su realidad, me fue enseñando a respetarlo y a amarlo.

En el colegio obtuve varios logros académicos: mejor alumno del tercero a sexto curso, medalla de oro al mejor Bachiller de mi promoción, premios en concursos de poesía, etc.  Esto es lo que me dio un considerable prestigio no sólo a nivel de colegio sino también a nivel de la ciudad.  Mas lo mejor que pude obtener fue la amistad sincera de mucha gente, profesores, compañeros, etc. que siempre me ayudaron y me impulsaron. Tanto, que la fiesta de mi grado se convirtió en fiesta del colegio. De aquí surge mi fe absoluta e inquebrantable en la humanidad.

 

La Universidad

 

En la Universidad, ya en Cuenca, el proceso fue más, si le podemos llamar así, normal, pues mi experiencia en el colegio me permitió madurar muchísimo, superar ese complejo de inferioridad. Sólo tuve problemas el primer año, donde por una parte, la carrera de Economía, no era la que había escogido, pero resulta que Biología, mi fascinación, no existía en la universidad de Cuenca sino en Quito, mas, en esa ciudad no tenía donde vivir porque no tenía familia. Entonces, le pedí a mi hermana que ya residía en Cuenca, que me matricule en Economía, resultado de una selección al azar. Con el tiempo terminé agradeciendo este resultado.

Por otra parte, la vida de Cuenca me parecía triste, aburrida frente al espíritu alegre de Esmeraldas, lo que quizás se debía a que no tenía otros incentivos más que los estudios, al principio de mi estadía en esa ciudad.  Creo que ambos problemas fueron superándose en la práctica, conforme se ha ido modificando mi existencia, transformándose y ampliándose mis intereses.

Pienso que hubo tres factores fundamentales en lo que considero mi éxito como persona en el plano académico: el primero es la amistad de mis compañeros y el apoyo total, activo de mi familia. El segundo, mi rebeldía y voluntad de no dejarme vencer frente cualquier factor adverso. Tercero, la militancia política que me dio una fuerte disciplina y me provocó una seguridad en todos mis actos que nunca había tenido antes.  La lucha por el pueblo, por un sistema justo, me hizo más fuerte, emocionalmente estable, reafirmando mi voluntad de lucha y mi total fe en el ser humano.

En lo académico mi éxito se expresa en haber logrado el título de Economista con excelentes calificaciones; en lo humano se explica en el hecho de haber logrado un poco de reconocimiento en mi trabajo. Reconocimiento que se expresa en haber sido recomendado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Cuenca para estudiar la maestría en Economía que ofrecía la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Sede Ecuador en la ciudad de Quito.

 

Un Nuevo Reto

 

Este testimonio estaría incompleto sin la vivencia de la Maestría, pues, si bien en la experiencia en Italia, rompí algunos lazos de dependencia con mi familia, dadas las características del “Piccolo Rifugio”, nunca tuve que preocuparme por los quehaceres domésticos como mantener limpio y en orden un departamento, lavar y planchar mi ropa, preparar algunas comidas o entrar a una tienda a comprar los alimentos y artículos necesarios para mantener un hogar[5]. En Quito tuve que aprender a hacer todo esto, solo y sin descuidar mis labores académicas en FLACSO ni mi fisioterapia. Por tanto, aprendí a optimizar mi tiempo, en esto me ayudó mucho la experiencia de mis primeros meses de trabajo en el IDIS en Cuenca, cuando aun no egresaba de la facultad de Economía y vivía una intensa militancia política, lo que me obligó a mantener un rígido y disciplinado horario de trabajo.

Aunque parezca paradójico, dada mi formación académica, lo mas difícil de todo, resultó el manejo de mi presupuesto, puesto que, era la primera vez en mi vida que debía sobrevivir con una cantidad fija de dinero, lo que significaba cambiar todos mis hábitos de consumo, esto es, mientras en Cuenca destinaba mi sueldo a comprarme ropa o a diversiones, en Quito debía tener un fondo para el arriendo, un fondo para la comida, y así sucesivamente para cada una de las cosas que comprende lo cotidiano.

Nuevamente hube de enfrentar al fantasma de la duda sobre mi capacidad intelectual, duda que, igual que antes, sucumbió gracias a una práctica de humildad y estudio que dio excelentes resultados, tanto en el terreno académico, cuanto en lo humano, donde coseché muchas amistades.

Sin embargo, no faltaron los problemas. Efectivamente, estuve a punto de abandonar la maestría por un problema emocional que me hizo perder la concentración y el interés en los estudios. La amistad y el apoyo de mis amigos, así como la comprensión del coordinador de la maestría, me permitieron avanzar y culminar con éxito el postgrado. El signo ambivalente de esta experiencia emocional se expresa en haber sido el período más intenso y prolífico que he vivido en cuanto a la creación tanto en el terreno literario, donde en menos de un año produje más de lo que había escrito en los tres años anteriores; cuanto en el campo de la pintura, donde ocurrió algo parecido[6].

La Maestría en Economía, me permitió avanzar hacia la consecución de uno de mis sueños: estudiar un doctorado. Este es el próximo reto.

Espero que este testimonio sirva para que los niños, jóvenes y adultos con problemas físicos lo tomen, no como un  ejemplo ni mucho menos, sino como lo que es, la experiencia de una persona que, como ellos, tuvo y seguirá teniéndolos, mil problemas, pero que con la ayuda de los demás y con fuerte voluntad de lucha he tratado de superarlos, en unos casos, lo he logrado; en otros, no.  Pero la lucha sigue.

 

Experiencia de trabajo y de vida en el Banco del Estado

 

Cuando se empieza a hablar de su lugar de trabajo, especialmente si se trata de una entidad como el Banco del Estado, generalmente la gente piensa en éste como un sitio donde la persona está siempre entre documentos importantes, cálculos económicos, proyectos a ejecutarse y graves e importantes problemas del desarrollo nacional a resolverse. Esto es cierto. Pero tal vez muy pocas personas, reflexionen sobre el hecho que, es en el lugar de trabajo, donde los seres humanos pasan la mayor parte del tiempo de su vida. Es, en esta perspectiva que voy a tratar sobre mi última experiencia de trabajo.

Dada la conocida crisis universitaria, no fue posible mi reintegración a mi antiguo puesto de trabajo en la Universidad de Cuenca, luego de haber estudiado la Maestría en Economía en FLACSO. Como en Cuenca no tuve mayor suerte, decidí buscar oportunidades de trabajo en Quito. Esta ciudad posee un mercado de trabajo muy competitivo a todo nivel, es por tanto difícil para cualquier profesional encontrar empleo. Es por demás obvio que para una persona, con lo que se conoce como discapacidad, le sea mucho más complicada esta tarea. La formación y la tenacidad adquiridas me permitieron soportar meses duros entre trabajos ocasionales y el desempleo. Sin embargo, nunca faltaron los amigos que me dieron su apoyo y su ayuda. Fue precisamente uno de estos amigos, el que presentó mi carpeta en el Banco del Estado.

De hecho, las dudas y temores sobre si, pese a mi preparación académico – profesional, podría desarrollar mi trabajo con eficiencia, no me sorprendieron. No eran nada nuevo para mí. Es mas, poniéndome a analizar objetivamente las cosas, es lógico que las personas que no me conocen duden que un hombre que se mueve con una aparentemente grande impedimento, que posee fuertes dificultades en su comunicación verbal, pudiese desarrollar un trabajo como el que realizaba en el Banco, que era la asesoría en el seguimiento y evaluación de proyectos de inversión pública, donde se debía trabajar a diario, a más que con los compañeros de oficina, con consultores privados que poseen las más variadas formaciones profesionales o realizar trabajo de campo en las diferentes localidades del país, laborando, por lo general, con gente muy joven.

Cuando ingresé al Banco, sentí estas dudas a flor de piel, tanto en mis compañeros como en los directivos. Siendo perspicaz, podría atreverme a decir que esto se reflejó en mi primer contrato, el cual a pesar de ser conveniente en lo económico no aseguraba ninguna estabilidad laboral dada su corta duración (seis meses). Es justo indicar que la presentación de mi experiencia y conocimientos por parte de mi amigo, el Econ. Joaquín Paguay, ex-compañero en FLACSO, fue indispensable en el proceso de aceptación en el Banco.

La vida me ha hecho acostumbrarme a este tipo de dudas y también a encontrar el camino para superarlas. La estrategia a seguir fue muy simple: al mismo tiempo que demostraba mi calidad profesional me fui relacionando e integrando al grupo de trabajo.

En cuanto a lo profesional no tuve mayores problemas ya que, pese a que toda mi formación académica estaba orientada a la investigación científica, luego de la Maestría trabajé como consultor privado en proyectos de inversión pública lo que me permitió adquirir experiencia y conocimientos en las metodologías y paquetes informáticos usados por el Banco. Esto fue disipando las dudas y granjeándome el respeto en el grupo de trabajo.

Luego de mi paso por el área de proyectos,  cumplí funciones  dentro de  la Gerencia Financiera, en el área de Presupuesto y planificación financiera. Llegué a esta área sin muchos conocimientos ni experiencia, pues como ya se indicó, mi  formación académica no era de orientación empresarial, sino mas bien tendiente a lo macro. Con esfuerzo, paciencia y constancia, fui aprendiendo las prácticas, los manejos y los secretos de esta, para mi, nueva área de desarrollo profesional. Dentro del campo específico del manejo presupuestario se  ha  logró, con el acertado concurso de mis compañeros, sistematizar mejor la formulación de la Proforma, se desarrolló modelos de flujos de caja y de proyecciones institucionales de largo plazo.

Estuve después en la Unidad de Estudios Económicos y Financieros de fugaz existencia, para pasar luego a la Gerencia de Riesgos, donde me especialicé en Riesgo de Entorno Económico y Político, un poco más afín a mi formación académica.

Mi carácter extrovertido y jovial me facilitó en sumo grado, ganar la amistad de mis compañeros de trabajo y de los directivos del Banco. Por supuesto que no todo fue fácil. Como en cualquier grupo una persona extraña causa sentimientos disímiles, dispares y aún contradictorios y más aún una persona de apariencia tan extraña como el que escribe. Sentí sentimientos de curiosidad, de rechazo a lo desconocido, de pena, de solidaridad, de competitividad, etc. En la inmensa mayoría de los casos estos sentimientos han dado paso a sentimientos más “normales”, si se puede usar el término; de afecto, camaradería y amistad, donde ya no se me trata como alguien especial sino como uno más del grupo.

Mi anhelo al ingresar al Banco fue tener un sitio desde donde, aplicando mis conocimientos y mi experiencia, pudiese aportar de alguna manera a las soluciones a los problemas del desarrollo nacional y a la satisfacción de las necesidades urgentes de nuestro pueblo. Obviamente, como cualquier otro ser humano, también me movía la necesidad de un ingreso estable que garantice un vida digna.

Pienso que he aprendido mucho en este trabajo, tanto en lo profesional cuanto en lo humano. En lo profesional, la práctica ha roto algunas concepciones erradas sobre la realidad nacional, pero al mismo tiempo ha confirmado y afirmado mis principios. Además se ha cumplido con eficiencia y seriedad el trabajo asignado. Esto, para mi, es motivo de sano orgullo.

En lo humano, además de encontrar nuevos amigos en mis compañeros de trabajo y en otras personas a lo largo de todo el País, el sentir de cerca las necesidades urgentes de nuestro pueblo, pero también su solidaridad, su fuerza creadora y su fe en el futuro, han afirmado mi voluntad de servirlo y mi fe en el ser humano.

Pienso que las personas e instituciones deberían tener mayor fe en las capacidades y conocimientos de las personas con cualquier nivel de discapacidad. Creo que si una persona discapacitada presenta su curriculum con los debidos sustentos, no se debe dudar de la capacidad y la calidad profesional de esta persona, únicamente por el hecho de ser diferente.

La capacidad de comunicarse con una persona discapacitada, sobre todo si ésta tiene problemas de lenguaje, depende mucho de la actitud asumida por las personas sin discapacidad. Si éstas, a priori, se convencen de la imposibilidad de entablar una comunicación, seguramente ésta no se dará. Por el contrario, si las personas sin discapacidad, aceptan, de entrada, la posibilidad de comunicación, aún comprendiendo los problemas y dificultades que ésta encierra, la comunicación se realizará, siendo más o menos fluida dependiendo del grado de seguridad que adquiera la persona discapacitada frente a sus interlocutores.

El cambio hacia una actitud positiva en el terreno de la comunicación es una de las formas de facilitar la convivencia con las personas con discapacidad ya que esto hace más asequible su integración a la sociedad y vencer el terrible sentimiento de aislamiento.

Por supuesto, que esto no significa que una persona, por poseer una discapacidad, debe sentirse en el derecho de que se le facilite todo. Para una persona con discapacidad es un deber competir por un “lugar en el mundo”,  y si es posible debe destacarse más que el promedio “normal”.

 

Triunfos, problemas y vivencias

 

He encontrado una compañera estable en mi vida, se llama Edith, es tecnóloga médica y ha trabajado muchos años con personas con discapacidad. El trabajar con y para las personas con discapacidad, es, para ella, una verdadera vocación. Hemos formado una familia bastante original. Hemos vivido épocas muy duras en los años que estamos juntos debido a un problema de  salud sumamente serio que sufrió mi esposa; pero también hemos hecho cosas bastante  originales en el trabajo en favor de los derechos de las personas con discapacidad.

Organizamos, en 1998, la Caminata de la Valentía, una caminata desde Quito a Cuenca, es decir cruzando todo el callejón andino de mi país, 575 kms., en 32 días. Caminé todo el trayecto sin hacer trampa y desde el tercer día con una terrible tendinitis en mi pierna derecha que hacía mas difícil y doloroso el movimiento. Los militares que nos escoltaban me pedían terminar la caminata, pero yo no desmayé por más que el dolor era casi insoportable. Fue una experiencia sumamente especial porque en cada pueblo o ciudad que llegaba nos daban un excelente recibimiento y la gente, en general, no solo las personas con discapacidad se motivaban al máximo y tomaba conciencia que las discapacidad no significa incapacidad.

Esto se convirtió en noticia nacional y aparecimos en todos los canales de televisión y en los diarios de provincia y aquellos de tiraje nacional. Bueno, el recibimiento en Cuenca, mi ciudad natal, fue extraordinario, prácticamente 11 cuadras ocupaba la manifestación que me seguía, todas las escuelas e institutos para gente especial estuvieron presentes. Gente de toda condición se unió a la marcha. Entonces, yo aproveché y di un discurso en pro de los derechos humanos, de la diversidad y contra la corrupción.  Yo nunca había hablado en público, por mi problema de fonética, pero en esa ocasión hablé con tal convencimiento y firmeza que todo el mundo me entendió y se emocionó hasta las lágrimas.

Quedé muy mal parado económicamente, porque no hubo el apoyo esperado pero creo que contribuí a crear una nueva conciencia sobre las personas con discapacidad en este país.

No contentos con esto, el año pasado, el par de locos que somos mi esposa y yo, nos pidieron que camináramos por los derechos de un pueblo llamado Muisne en la costa del Pacífico, pueblo que está con una pobreza extrema y en medio de una brutal corrupción. Y lo hicimos. Esta vez no tuvimos ni siquiera el apoyo de la policía para la escolta pero nos acompañó un grupo de jóvenes y niños. Logramos llegar a Esmeraldas, la capital de provincia y hacer público un manifiesto contra la corrupción.

 

Objetivos, Sueños y Esperanzas

 

Si bien la Economía es mi campo profesional y mi instrumento de sustento, mi vivencia, mi herencia y mi formación cultural, hacen que mi verdadera pasión sea el arte y muy especialmente la poesía y la pintura. Casi siempre estoy escribiendo, si no es poesía son ensayos, artículos o simplemente ideas. Si encuentro el tiempo y la inspiración para pintar, es como si me transportara a otro mundo.

En este sentido, mis sueños se orientan a encontrar ayuda para publicar mis poesías y buscar el apoyo para escribir un libro de mi vida que sirva, para los niños con discapacidad, no como ejemplo, sino como un testimonio de lucha, triunfos y fracasos de una persona, que como ellos, enfrenta problemas por ser diferente. Esto exige dedicación, seriedad, recursos y tiempo, cosas difíciles de dar si no se tiene seguridad y estabilidad económica.


 [1] Específicamente en aquellos que gobiernan la coordinación de los movimientos de locomoción y prensión. Esto pudo deberse a una falta de oxígeno en el cerebro por demora en el parto o a presiones y/o tensiones excesivas efectuadas, durante el parto, sobre la zona cerebral que controla dichas funciones. En todo caso, no se afectaron funciones superiores ni sensitivas.

[2]  Uno de ellos señalaba, por ejemplo, que el niño es demasiado mimado y caprichoso, por eso llora, lo que necesita es una buena nalgada y ya.

[3] Que esto no se tome de ninguna manera como un sentimiento de resentimiento hacia mis padres, a quienes amo entrañablemente y agradezco infinitamente todo lo que han realizado por mí. De lo que se trata es de alertar a los padres de niños con problemas, para que no traten de que sus hijos vivan en burbujas de cristal con lechos de algodón, ya que el mundo, la realidad que ellos tratan de alejar de la vida de “sus” niños, por considerarla hostil y cruel, tarde o temprano tendrá que ser enfrentada por estos pequeños. Y claro, es hostil y despiadada, pero también es sensaciones, sentimientos, ilusiones, amor; en suma un maravilloso conjunto de emociones con signo ambivalente que a ningún ser humano debe negársele conocer.

 [4] Merece mencionarse el caso de mi amigo, el rector del colegio, que aún viendo mis calificaciones, pensaba que no reflejaban la verdad; él creía que los profesores eran demasiado benevolentes. Cuando le tocó dar clases en mi curso, toda su opinión cambió.

 [5] Esto puede sonar absurdo para una persona cualquiera, pero resultará sumamente comprensible para aquellos que, incluso temporalmente, hayan tenido problemas de comunicación.

[6] No he querido incluir en este testimonio mis experiencias emocionales con mujeres, porque pienso que no interesa  (aunque tal vez esté pecando de egoísmo) a todas las personas con problemas físico, v.gr. los niños; además de que es algo tan intrínseco e intenso que merece otro tipo de trato y que, en parte, lo recoge mi poesía. He mencionado esta última, por su influencia en mi quehacer académico, cosa que nunca había ocurrido, pero no es mi interés entrar en detalles.